Volver a Runway: nostalgia, poder y nuevos códigos en The DevilWears Prada 2
- Paxi. Geek
- hace 5 días
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Como parte de Novenobit y fanática del universo de The Devil Wears Prada, tuvimos la oportunidad —gracias a Cinecolor— de ver su esperada secuela, The Devil Wears Prada 2. Y aquí te contamos qué tal estuvo.

La película apuesta por algo más complejo que la simple nostalgia: enfrenta directamente el paso del tiempo, tanto en sus personajes como en la industria que los rodea. Y aunque no siempre logra equilibrar emoción y discurso, sí construye una mirada interesante sobre la evolución del mundo editorial. El regreso de Andy Sachs a Runway no es casualidad, sino consecuencia de un escándalo que amenaza la credibilidad de la revista. Tras la publicación —aprobada por Miranda Priestly— de un artículo vinculado a una empresa asociada a explotación laboral, Andy aparece como la única figura capaz de reparar ese daño. Este giro es clave, porque la posiciona desde un lugar sólido, con una ética clara, mientras deja en evidencia una grieta en el juicio editorial de Miranda. A partir de ahí, la película construye una inversión interesante: Miranda sigue siendo una figura de poder, pero ya no es infalible.
Por primera vez, no es ella quien marca el ritmo del mundo, sino quien debe alcanzarlo. La adaptación deja de ser una exigencia hacia otros y se convierte en una necesidad propia. Esto no la debilita, pero sí la humaniza, mostrando su vulnerabilidad frente a un entorno digital que exige transparencia y rapidez. En paralelo, el universo de Runway refleja un cambio mayor: el declive del papel y la migración hacia lo digital. La salida de Emily hacia una de las marcas más influyentes subraya esta transformación, donde el poder ya no está en quienes comunican la moda, sino en quienes la producen y controlan su narrativa. La película captura bien esta tensión y deja una pregunta abierta: ¿puede una revista seguir siendo relevante en un mundo dominado por plataformas y marcas?

Además, la película está cargada de guiños y referencias a la primera entrega, que funcionan como pequeños regalos para los fans. Los protagonistas regresan en gloria y majestad, manteniendo la esencia que los convirtió en íconos, pero sin quedarse atrapados en el pasado. La nostalgia está presente, sí, pero en su justa medida: acompaña la historia sin opacarla ni convertirla en un simple ejercicio de repetición. Sin embargo, pese a lo potente de sus ideas, la historia a ratos se queda en la superficie emocional. Los conflictos están bien planteados, pero no siempre se desarrollan con la profundidad necesaria, lo que le resta impacto a momentos que podrían haber sido mucho más memorables. En definitiva, The Devil Wears Prada 2 funciona mejor como reflexión sobre el cambio que como continuación emocional.
Volver a Runway: nostalgia, poder y nuevos códigos en The DevilWears Prada 2
Esta es una historia sobre reputación, adaptación y segundas oportunidades, donde Andy representa la reconstrucción, y Miranda, quizás por primera vez, la necesidad de reinventarse.
Por Ximena @Paxi Rivera

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